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Históricamente, la plaza Iparragirre tiene una gran relevancia en la villa de Urretxu. Ya desde al primera lotización gótica aparece un espacio adyacente a la iglesia de San Martín de Tours que adquiriría su entidad como plaza a partir del incendio que, a mediados del siglo XVII, afectaría parcialmente al casco medieval.

La primera actuación urbanística importante se produce hacia 1760 con la traída de agua a la fuente pública, procediéndose al encuadre del espacio libre con una solución a dos niveles.

Tras la muerte del bardo Iparragirre en 1880, se encarga la ejecución de su estatua al escultor Font que sería ubicada en la plaza en 1890 experimentando ésta entonces una primera remodelación que elimina los dos niveles primitivos.

Posteriormente se trasladaría a ese mismo lugar la Casa Consitorial en la Casa Corral- Ipañarrieta adquiriendo su definitiva entidad como plaza del pueblo.

En los años 1963 a 1967 la plaza experimenta una nueva intervención que es la que nos encontramos al abordar el proyecto.

La existencia de los viales rodados de pendientes pronunciadas, así como los espacios de aparcamientos la había, prácticamente, ahogado dejándola a una cota inferior en casi todo su perímetro que la aislaba de los ámbitos y edificios circundantes, incluida la iglesia de San Martín de Tours, ésta también con un acceso bastante precario.

La actuación se centra pues en volver a reinsertar la plaza en el tejido urbano en base a una concepción integral del casco histórico manteniendo y rescatando los elementos originales y recuperando el valor de conjunto.

La solución consiste en una nueva formulación de los diferentes niveles que elimina la circulación rodada en tres de sus lados, recuperando la accesibilidad de la plaza y, especialmente, su conexión con la iglesia. El nuevo espacio queda directamente a cota en el lado sur por donde se accede al segundo objeto del proyecto - un garaje subterráneo de tres plantas – y en los lados norte y este, queda accesible por unas escalinatas que van desapareciendo a medida que los viales adyacentes alcanzan cota.

En el lado oeste se diseña un muro, que a la vez que enmascara el acceso al garaje, sirve de apoyo a la rampa y a las escaleras que conectan la plaza con el vial superior de circulación rodada y donde se sitúa la fuente que, tradicionalmente, ha existido en la plaza.

La iglesia recupera su posición como componente fundamental del conjunto y es la referencia para la disposición y orientación de los demás elementos de la plaza: muro (a su vez también y de alguna manera un contrapunto de su torre), banco corrido, farolas, e incluso el despiece del solado.

Por otro lado La estatua de Iparragirre, con los dos robles centenarios que la encuadran recobra su entidad como elemento central de la plaza. Así mismo la verja que la cercaba se sustituye por un banco corrido en todo su perímetro haciéndola también más accesible e integrada en la solución definitiva.

La estructura general del garaje se diseña en pilares, losas y forjado reticular el hormigón armado. Se proyecta, así mismo un murete de hormigón ligeramente armado para separación de los niveles de la plaza y la calle a cota superior.

Exterior: El suelo de la plaza se ejecuta con piezas de piedra caliza de 80x60 cm y de 60x30 cm en tanto que el muro, y los bancos corridos se revisten con piedra arenisca de despiece irregular.

Interior: Las divisiones de las plazas de garaje se ejecutan en bloque de hormigón, pintura plástica y carpintería metálica

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